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La Coctelera

jardin de palabras

blog del escritor mario said silvera

18 Septiembre 2006

Manual del corrupto perfecto(Tres capitulos)

MARIO SAID SILVERA

MANUAL
DEL CORRUPTO
PERFECTO

POSTGRADO PARA
POLÍTICOS Y FUNCIONARIOS

COMO ALIMENTAR LA VISTA GORDA

En las puertas de las aduanas, hay un señor al que denominan “vista”, cuya función consiste en evitar que objetos y personas que no estaban en el programa, ingresen al país, clandestina y subrepticiamente.
Porque a éste señor, lo llaman así, es un misterio muy difícil de desentrañar, dado que si algo le falta al mismo, es precisamente vista. A diario pasan por delante de sus narices, sin que ésta puedan olfatearlos: Roll- Royces, collares de diamantes, tapados de chinchilla, y todo cuanto pueda darle color a la vida de un nabab. Eso si. Este “vista” será duro e inflexible con todo malviviente, que amparándose en la libertad que rige en las fronteras, pretenda introducir al país, una radio portátil, un reloj de cuarzo, o un jarabe para la tos del abuelo.
Hablé una vez con uno de éstos hombres, y le comenté lo que la gente rumoreaba de ellos.
-¿Qué dicen?-me preguntó.
-Que necesitan un oculista-le respondí.
-Por los demás no hablo-replicó mi interlocutor algo ofendido-Pero en mi caso no lo necesito. Veo muy bien.
-¿De veras?-pregunté algo incrédulo.
-Si. Sobre todo mi futuro.
Y en éste punto me confesó, que no es que no viera, sino que hacía la vista gorda, que es distinto.
-Y¿ No le da vergüenza?
-Bueno. Un poquito sí. ¿Porque voy a negarlo? Pero fíjese que si no hago la vista gorda, mis hijos enflaquecen, y no hablemos de mi cuenta bancaria.
-Y esa sugerencia de hacer la vista gorda-quise saber-¿De donde viene?
Mi interlocutor sonrió irónicamente, miró hacia izquierda y derecha, y ya cerciorado de que no había nadie que mirase o escuchase lo que decía, murmuró:
-De allá-y con un dedo apuntó hacia arriba.
.

A mi turno observé el techo, y como no vi pegado en éste, la imagen de ningún político, pregunté:
-¿Hay otro piso?
-No- me dijo-Mas arriba.
-Mas arriba está el cielo.-argumenté.
-Bueno. No tan arriba.
Me estaba queriendo decir, que tenía un superior más miope que él. O que fingía ser más miope que él, lo que ya es bastante.
-Y¿ Qué se puede hacer pasar, si no es ser demasiado curioso?
-De todo. Porque acá no pasa nada.
Su curiosa metáfora, me hizo a mi pesar sonreír: Pasaba de todo,”porque no pasaba nada”.
-¿Podría pasar también una persona?
-Por supuesto. Cuando más plata pone usted, más invisible se hace.
Sentí una infinita compasión por H.G.Wells, sentado al escritorio creyendo haber descrito en la soledad de su habitación, a un prototipo original.
-Pero supongo que habrá un límite.
-¿Para pasar cosas?
-Sí.
-Pues supone mal. ¿Qué necesita usted pasar?¿Un elefante?¿Acaso un circo entero? Venga y hable con Mora, y todo solucionado.
-¿Quién es Mora?
Mi interlocutor se cuadró, se ajustó la corbata sacudiendo el cuello, y como si fuera un mago hizo aparecer una tarjeta en la punta de sus dedos, la que me alcanzó cortésmente.
-Para servirle-me dijo.
De regreso a casa, iba pensando en lo lindo que sería poseer la virtud de los “vistas”,que cuando quieren no ver algo, no lo ven.
Pero todo era una ilusión.
Mi suegra estaba en el portal de mi casa, y por desgracia yo la estaba viendo.

LOS ÑOQUIS DEL VEINTINUEVE

Son las seis de la tarde, de un día veintinueve, y como lo viene haciendo desde hace unos cuantos años, el señor Jota Eme, emperifoleado hasta la médula, hace irrupción en las oficinas de una edificio municipal.
El señor Jota Eme, viene a cobrar su sueldo, y como un empleado mas, se para ante la ventanilla de la dependencia. Pronto, la mano de un cajero asomará por ésta, le alcanzará al señor Jota Eme un sobre, y luego una lapicera para que el visitante eche la firma con la que dejará constancia de que ha recibido el sobre.
Lo que contiene el sobre(aunque usted, lector, no lo crea)es la remuneración que Jota Eme percibe mensualmente por los servicios que presta como funcionario en una repartición en la que... ¡Nunca ha puesto un bendito pie!
Jota Eme, como usted caro lector acaba de descubrirlo, es un perfecto ñoqui.
Ni a Marco Polo, con su vigorosa imaginación, se le hubiera ocurrido imaginar en que punto de inflexión desembocaría aquel invento culinario de los chinos, que él, de regreso de uno de sus viajes, introdujo en Italia, su amada patria.
Los ñoquis a que hacemos referencia (y cuya denominación está emparentada con la costumbre también italiana de comer éste tipo de pasta los días veintinueve, y paralelamente poner un billete debajo del plato de cada comensal, para así atraer la suerte)parecen haber sido ingresados, en los anales de la corrupción, también por un aventurero. El nombre de éste benefactor de la humanidad (afortunadamente para él) no ha pasado a la posteridad, pero no nos cabe duda que ha dejado adeptos y herederos, que nunca sudan ni se sientan ante ningún escritorio, pero que nos ayudan, eso sí, a gastar nuestro dinero de contribuyentes.
Cada vez que vota a un senador o a un diputado(cualquiera sea la filiación partidaria de éstos) el sufragante deberá tener en cuenta, que no es muy remota la posibilidad de que también esté votando a un ñoqui.

Cuando un diputado(o un senador)ingresa a la honorable cámara para desempeñar el cargo para el que fue elegido, hay posibilidades de que su sombra no lo acompañe. Pero desengáñese quien crea que ésta misma suerte la correrán los ñoquis, que los políticos en cuestión han nombrado para que los asesoren en su tarea de legislar. Los ñoquis son sombras que no desertan. Van a donde van sus amos. Cuando no están en el parlamento, están en una oficina pública, y cuando no en sus casas. Pero siempre desempeñando el oficio para el que fueron contratados: el de no hacer nada.
En cierta ocasión, hablando con uno de éstos ñoquis, le pregunté:
-Y ¿No te aburre el no hacer nada?
-Por supuesto respondió con orgullo -Hay veces que el no hacer nada resulta verdaderamente agotador.
-Y ¿Cómo combatís esa sensación?
-¡Ah!, de la forma mas sencilla: Pensando en lo horrible que sería tener que ponerme a trabajar.
Otro ñoqui, en cambio, estaba tan convencido que el no hacer nada era un trabajo, que en cierta ocasión me confesó:
-El día que me jubile, mi hijo ocupará mi puesto.
¡Se iba a jubilar de no hacer nada! Y lo más gracioso de todo, es que le iba a dejar el cargo a su hijo, a quien supuestamente había trasmitido los secretos del oficio.
No tuve mas que imaginarme el instante en que éste hijo pródigo entrara por primera vez a la oficina en que durante tanto tiempo su padre no trabajara, se sentara ante un escritorio, y preguntara al primer sujeto en avistar:
-¿Sabe usted que es lo que debo hacer?
-¿No te lo dijo tu padre?
-No. Mi padre no me dijo nada.
-Bueno. Eso que no te dijo tu padre, es precisamente lo que tenés que hacer.
Al principio con un poco de vergüenza (porque hasta un hombre devenido

en pasta tiene derecho a sentirla) y luego, a medida que vaya trascurriendo el tiempo con mayor soltura, el susodicho ñoqui júnior, no hará nada cada vez mejor, hasta constituirse en un experto en el tema. Siempre sin hacer nada, irá escalando posiciones hasta alcanzar el grado de jefe, teniendo facultades para despedir a cualquiera que en un abuso intolerable de confianza, se le ocurra en algún momento trabajar.
Un día, orgullosamente, comentará a sus amigos:
-Aquí como ustedes me ven, ¡Yo me hice de la nada!
:

LA ECUACIÓN FATAL

-Y ¿A quien hay que tocar?
Usted habrá escuchado muchas veces esta pregunta, y seguramente que la misma no salió nunca de la boca de un sujeto honrado.
Esta afirmación que hago, no es de ninguna forma temeraria, si no que la misma está asentada en el significado que tiene el término “tocar” en la jerga de la corrupción.
Usted puede tocar de muchas formas, y las mismas llegar a conducirlo al divorcio(si lo que tocó es a una amiga de su esposa); a ser echado del empleo(si lo que tocó es la caja de la tesorería).Y hasta tener que dejar vacío el departamento, en donde vive rodeado de vecinos huraños, si lo que toca es la trompeta, lo hace muy mal, y lo que todavía es mas grave, a las dos de la madrugada.
Entre todas éstas formas, hay una sin embargo, que se lleva las palmas por su originalidad, y es la de tocar a alguien sin que medie, entre tocador y tocado, ningún contacto físico. Esta hazaña, digna del hombre invisible, es la que realizan día tras día aquellos funcionarios a los que no les alcanza el sueldo, y también la que efectúan los políticos, que aún alcanzándoles el sueldo, quieren siempre mas.¿A que se debe esto?¿A la ambición desmedida de algunos?¿O simplemente a la composición salífera del dinero, según atestigua Schopenhauer?
Si en este país, se ha desarrollado últimamente una epidemia de toquetones, es precisamente porque nadie está contento con el papel que ocupa en la sociedad, y unos mas, otros menos, todos quieren estar en lo mas alto; si es posible en la cúspide de las olas.
Este afán de ascenso vertiginoso, con meritos o sin ellos, es la piedra angular del edificio de la corrupción. Si uno es materialista, pero le tiene cierto apego al trabajo, los problemas no serán mayores. Si en cambio es poco afecto a curvar el lomo, pero el dinero le resbala, menos que menos. La ecuación fatal, esa que suele convertir al hombre común en un potencial delincuente, es la suma de la haraganidad más sentido materialista de la vida.
Cuando un hombre ingresa en esta ecuación, sin importar cual sea el estado de

su líbido, tendrá que tocar, tocar sin parar.
Pero no tocará a la bella vecinita.
Ni la caja de la plata de su empleo, porque ¿En donde se ha visto que un atorrante tenga empleo?
¿La trompeta? Menos que menos. Él es un trompeta, y en este juego de piratas no está reglamentado tocarse a sí mismo. Además, sus aires no están en los pulmones. Los tiene en la vanidad.
Lo que tocará, será a sujetos que están unos peldaños mas arriba que él en la escalera de la vida fácil.
Tocará para llegar a esa vida fácil.
Es que en este mundo sobra gente a quien tocar, y tocadores también.
De los primeros hay muy pocos en las cárceles.
¿Por qué será?

MARIO SAID SILVERA

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Nací en la ciudad de Durazno,en Uruguay,en el año 1945.Vivo en buenos Aires,en donde comparto mi tarea de escritor con la de comerciante.He incursionado en casi todos los generos de la narrativa,pero mi gran pasión es un subgenero:la literatura policiaca. JARDIN DE PALABRAS,es un espacio sin fines de lucro.El mismo está simplemente destinado a encontrar lectores sensitivos,que amen la poesía y la filosofía.Faculto a quienes quieran hacer uso de los textos que en el aparecen(ya sea en revistas u otros medios)a hacerlo en forma gratuita.La única condicción que impongo,es que se respete la autoría de los mismos,y en la medida de lo posible,que se me informe sobre tal pretención o deseo. E-mail:mariosaidsilvera@yahoo.com.ar

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