Poemas de ESPEJO MIRANDOSE EN UN HOMBRE
ORFEBRES
Somos impunes orfebres de los muertos.
Le damos la palabra que no tienen.
Engarzamos en sus espíritus
risas, actitudes, y pensamientos.
Los desnudamos de mentiras
para hacerlos más probos
y asociándolos a nuestra pena
le allanamos paso al odio
que nunca se hospedó en sus corazones.
Izamos sus carnes del sepulcro
para convertirlos en marionetas
y para que sean en nuestras aburridas horas
para revancha de nuestras cobardías
lazaros impertinentes
caminando hacia la ciudad de lo prohibido.
EL IMAN
El invisible miedo gana adeptos.
Sufragan por él los corazones
que encadenados a la soledad
contemplan sin esperanzas los horizontes.
Obedecen a sus dictados los optimistas
que ignorando los designios
ofrendan sus cabezas al tirano
de la puntual desilusión.
Para unos y para otros
los mañanas
son negros augurios disfrazados;
Presagios envueltos en la mentira
de un dios hacedor, y de un sistema
que dice cobijar sus ansiedades.
VISION
Atentos estamos a veces
a la palabra que desviste;
a la oratoria melífera que despoja
de su villano estilete a las almas negras.
Abrimos silencio y devoramos
una verdad
que en la torpe distracción
de algunos días
bebió invisibilidad de nuestros ojos.
¡Del hombre que se desnudó
guardamos su abismo
su rendición a la malignidad
su averiada moral
para que ningún mañana nos sorprenda
ante el espejo
en que su cobardía se refleja!
ELIJO
Elijo el perdón para amante del labio
pues él es la caricia
que sopla sobre el odio
erizador de frentes
Y lo elijo pues tiene
la gracia insobornable
de pesar sus alivios
sobre mi carne en llamas.
Lo elijo a la distancia
sin saber sí su rostro
embelesa con rasgos
perfectos, mi autoestima.
No podría brindarle
espalda o egoísmos
a quien es capaz y puede
robarle negritudes
de niebla, a mi conciencia
TABU
No hay tiempo hospitalario
para éste minuto que transgrede
acciones cuyos ancestros
en punta de pie han fabricado
sin un desligue del sosiego
sin una rebeldía.
Bostezando hacia adentro la rabiosa
espuma de don perturbador
que escocería en algo(un poco)
las metálicas entrañas del que manda.
Es por eso que no hay nada
mejor que silenciarlo
ni nada mejor que recogerlo
hasta el lar interior
en donde el sueño
nunca muda su faz.
Se reirían si lo vieran adosado
a un disfraz de palabra irreverente;
si jugara a polizón en el tiempo
de éstos tiempos
teniendo que ocultarse
de su majestad: la hipocresía.
MÁGICO ODIO
Por lo admirable y tenebrosa
nada iguala
a la física que rige los espíritus.
De ella heredó su ubicuidad
el odio aleve:
esa magia impertérrita que permite
a su semilla sembradora
de preocupantes destellos en los ojos,
de torcidas sonrisas
y pensamientos colindantes con la absurda
negativa de admitir paz en el otro,
arrellanarse siendo tan grande
en un alma tan pequeña
APLAUSOS
Los aplausos interiores se retiran
y evacuan su homenaje ante la duda
que(noble es decirlo)siempre asalta
al de moral erguida.
ABISMOS
Las fauces malditas del sistema
no eligen; apenas
si sienten gusto
devorando adeptos y no adeptos,
masticando rientes y conversos,
pues tienen el don impertinente
de ser intragantables.
Hasta el hipócrita desfila
por su abismo
cuando postula olvido ante que verbo
y en un instante orgiástico y de oro
cobarde acalla
la tumba verde,
la cruz temprana,
y hasta el precario adiós
que el limosnero
Extravío ayer en nuestra urgencia.
MISIÓN
Un día habrá una hostia
que subleve
su espíritu incorpóreo al rito seco
de identificarse con cualquier idioma;
un minuto de negación al mimetismo
cobarde y tan ingrato
que se ufana de igualar
probos y malos.
Si es síntesis de Dios,
amalgama, como dicen, de bondades,
deberá(y no por milagro,
si no para reparar
tanta injusticia)
escupir el labio del infame
que pretende a su crimen asociarla.
MAL PODRIA
Mal podría el goce no ufanarse
en éste denso hastío
al soslayar al solitario
que tantea
entre cien largas sombras
una lumbre.
Mal podría ufanarse
de ser mano
que digita incansable sobre el miedo
y buscando convertirlo en un suspiro
se torna en un instante flor, susurro,
preámbulo de un edén con sus descansos.
Mal podría él divina amnesia
de cuanto dolor hoy nos circunda
no esparcir vanagloria con sus ecos.
¡Él, que es réquiem de tanta angustia,
vengador de soledades, mal podría,
no ufanarse al sembrar en nuestra carne
el olvido de los males
de éste mundo!
